02 octubre, 2010

“Hacerse niños con los niños”

“Hacerse niños con los niños”

 

Luis Hernández Montalvo.
Cuando salga publicada esta nota, en una parte importante del centro del país, pero también en  el norte, hasta Baja California, miles de católicos celebrarán las fiestas de San Francisco de Asís.

Esto es posible, gracias a que en 1524, llegaron a tierras de América los primeros doce apóstoles misioneros franciscanos. Estos hombres llegaron vistiendo sus hábitos de pobreza, con las manos vacías y los pies descalzos.

Fray Martín de Valencia encabezaba a estos doce hombres: Francisco de Soto, Martín de Jesús (o de Coruña), Juan Suárez, Antonio de Ciudad Rodrigo, Toribio de Benavente (Motolinia), García de Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Rivas, Francisco Jiménez y los frailes legos, Andrés de Córdova y Juan de Palos.

Antes que todas  las iglesias, llegaron, los que tenían que plantar, “la iglesia para siglos”, están los templos como testimonio de esta gran empresa, que fue en su origen, evangélica y antes que la palabra, fueron los gestos y su doctrina “más de obra que de palabra”.

Su  obra fue evangélica, ni duda cabe, pero también lo fue cultural, educativa y pedagógica.

Como niños, aprendieron la lengua de los pueblos originarios recientemente conquistados, lo hicieron con señas y con balbuceos, se “hicieron niños con los niños” y en el caminar de su misión; se “hicieron indios con los indios”, “flemáticos y pacientes como ellos, pobres y desnudos, mansos y humildísimos como lo son ellos”.

La iglesia del siglo XXI, no se reconoce en esta iglesia primitiva, sacerdotes y jerarcas más parecido tienen con los soldados conquistadores, que eran arrogantes y crueles, que se distinguían por su soberbia y por la ambición al oro que esperaban encontrar en abundancia.

La iglesia que en 1206 requería de reparación, no era la capilla de San Damián. Dice la tradición, que el crucifijo le ordenó a Francisco de Asís, reedificar su iglesia, pues se caía y sus muros estaban rotos. Él  lo entendió en sentido material, pero muy pronto comprendió que la iglesia se compone de  hombres y mujeres. Hoy la iglesia clama por su reparación, pero como en otro tiempo, no son los templos y conventos franciscanos construidos en el siglo XVI, destruidos y en ruinas por la indolencia de los cristianos modernos.

Los primeros cristianos en el continente, no solo plantaron “la iglesia para siglos”, de manera simultánea y paralela, surgieron, junto a los templos y conventos franciscanos, las primeras escuelas cristianas, y no sabría explicar que fue primero, si la evangelización de los indios o la conversión de los apóstoles franciscanos a la visión religiosa del mundo descubierto, al “hacerse indios con los indios”.

Un  ejemplo reciente se registra en Chiapas, en donde un joven académico, se “hace indio entre los indios”.  El sub comandante Marcos y su proceso de conversión, puede ayudarnos a entender lo sucedido hace cinco siglos en México –el tiempo y sus paradojas-.

Los primeros evangelizadores en tierras de América, aprendieron “hacerse niños con los niños”, en actividades lúdicas aprendieron las lenguas indígenas, a tal grado que algunos, como Fray Pedro de Gante, llegó a olvidar su lengua materna.

Las primeras escuelas fueron cristianas, en ellas se enseñaba, en primer lugar a leer y a escribir en la lengua materna de los niños y jóvenes y no como ocurre actualmente en donde los profesores imponen la castellanización de manera brutal y sin respeto por los derechos humanos de los niños, incluyendo a los profesores que se supone, que por su origen indígena, debieran enseñar a los niños, en su lengua materna.

Mi cercanía con profesores indígenas me llevaron a comprender en parte esta actitud. Algunos la justificaban argumentando que preferían hacerlo porque trabajaban en comunidades distantes de sus lugares de origen y que en las poblaciones donde trabajaban, hablaban una variante dialectal distinta a la que ellos hablaban.

Un día me presenté al salón de clases con una hojita que contenía la primera página del texto en náhuatl de los coloquios ó diálogos de 1524, según el texto de Fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores  indígenas, publicado por la UNAM en 1986. Les pedí que hicieran un esfuerzo y lo tradujeran.

El trabajo dio sus frutos, entonces les mostré el libro y demostramos que el  pretexto de las “variantes dialectales” no podía ser la razón para que no enseñaran a sus alumnos en su lengua materna, si tomábamos en cuenta que el texto traducido, tenía una antigüedad de cinco siglos y que suponía, el náhuatl de aquellos días, era una lengua clásica.

En mi experiencia con profesores no indígenas, pero que trabajaban en escuelas con población indígena, encontré compañeros que aprendieron la lengua en la comunidad donde trabajaban, como el caso del profesor Francisco Osorio de Huauchinango, Puebla.

Son los primeros doce franciscanos en tierras de América una referencia ética y moral para la iglesia de nuestros días, pero también para la escuela pública de México. Esto lo entendieron a la perfección los educadores de los primeros años del siglo XX, digamos que de las primeras cinco décadas del siglo XX.

En las fiestas de San Francisco de Asís, bien haría la Iglesia –católicos, protestantes y cristianos-, en proponer al vaticano a estos doce varones para ser llevados a los altares, como un acto de congruencia evangélica y de reconocimiento fraterno a su obra, no porque ellos lo hayan deseado, sino porque esto nos permitiría conocer su trabajo en la construcción de una nueva teología fundada en la antigua religiosidad indígena, tan presente y viva en los altares y en las celebraciones de los pueblos, donde ya no hay “padremes”, pero están los laicos que mantienen viva la tradición franciscana.

Y los quiero ver con sus hábitos -mejor diría los harapos que traían como única propiedad-, para que nadie olvide que el evangelio y la doctrina que nos enseñaron fue “más de obra que de palabra”

Y la escuela pública tiene que volver abrevar de los manantiales de la pedagogía que se funda de las necesidades del entorno y de una realidad que se construye de manera simultánea de dos visiones de la vida y del hombre, “del junto y del cerca”, ahí donde “empieza la palabra de la enseñanza… la que enseñó aquí a los hombres de Nueva España. Los enseñaron los doce padres, de San Francisco…”

Si, los estudiantes normalistas, antes que repetir de memoria las teorías modernas del constructivismo, la pedagogía crítica y demás enredos ideológicos que no entienden, debieran empezar por leer y comprender los catecismos ilustrados de los primeros educadores de América –como todo aprendizaje de los niños que se inicia con dibujos. “Hacerse niños con los niños”.

 Paz y Bien y felices fiestas a mis antiguos amigos de Tehuacán, si sobreviven todavía en la tradición seglar –heraldos de los años sesenta-, a los franciscanos de Chilpancingo, Gro. –a Cesar Lupus- y a los que en Tlaxcala me esperan para comer mole, a todos, mis saludos.

El autor es profesor del Bachillerato General Matutino del Benemérito Instituto Normal del Estado de Puebla        hernandez_luis21@yahoo.com.mx

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