28 abril, 2009

Las escuelas Normales y sus directores.

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Las escuelas normales y sus directores.


Luis Hernández Montalvo

Los primeros directores de las escuelas normales oficiales en el estado de Puebla eran nombrados por los gobernadores en turno. Así ocurrió con el nombramiento del primer director, cuando en 1880, el entonces gobernador don Juan Crisóstomo Bonilla designó a don Guillermo Prieto como el primer director de la escuela de profesores de la entidad poblana y un año antes, en 1879, había sido designada la profesora Paz Montaño como directora de la escuela de profesoras.

Entre 1879 y 1888, los gobernadores designaron a cuatro directoras para dirigir a la escuela de profesoras y entre 1880 y 1900 a ocho directores para atender la dirección de la escuela de profesores. En 1906, el gobierno del estado unifica a las escuelas de profesoras y profesores y crea el Instituto Normal del Estado, registrando, hasta 1957, un total de 34 directores, todos ellos, designados por los gobernadores, como parte de su facultad constitucional.

De 1969 a 2007, el Benemérito Instituto Normal del Estado registra la existencia de diez directores. A diferencia de lo que ocurrió en el pasado, en donde los gobernadores designaban a los mejores maestros, los que tenían méritos académicos, en esta última etapa, la presencia política del sindicato de maestros en el sistema electoral local, provocaron un cambio sustancial en la modificación de esos criterios.

Los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, se convirtieron en un importante grupo de presión y de esa manera, un buen número de los directores del BINE o fueron previamente secretarios generales de la sección 51 del SNTE o lo fueron posteriormente a su gestión al frente de la institución.

El 15 de agosto de 1879, don Guillermo Prieto, le escribe una carta al gobernador del estado en los siguientes términos: "Cuando hace poco tiempo se dignó usted ofrecerme generosamente el empleo de director de la Escuela Normal de Profesores, que próximamente debe instalarse en la capital de ese estado de su digno mando, le manifesté las dificultades que tenía para aceptar tan honrosa distinción, y entre otros motivos la imposibilidad de trasladarme a ésa, teniendo en México mi familia y los recursos con que cuento para subsistir...”

Como podrán advertir los lectores, entre las preocupaciones y criterios del gobernador Juan C. Bonilla, por traer para director de la escuela normal a un personaje de la estatura de don Guillermo Prieto, hombre de letras, poeta, ensayista, intelectual liberal, educador y ministro de Hacienda en el gobierno de Benito Juárez, y las empleadas por los gobiernos locales en los últimos treinta años son profundamente abismales y solo eso explica el deterioro académico institucional, no solamente de las escuelas normales estatales que surgieron en el siglo XX, sino del normalismo en general.

El sindicato domina las estructuras y los mecanismos de gestión, dirección y control de los trabajadores desde el centro de trabajo, desde el más sencillo, hasta el de mayor complejidad, desde las escuelas de educación básica en el medio rural, hasta las instituciones de educación superior como las escuelas normales e institutos tecnológicos. El control es absoluto y se ejerce desde la estructura sindical con sus líderes y decenas de profesores comisionados, pero también desde el aparato de la administración y sistemas de contratación, ubicación y promoción laboral.

No existe en el imaginario normalista el recuerdo grato de la gestión de los directores de los últimos treinta años. No solo ejercen control, sino también el más absoluto autoritarismo en la persecución de cualquier intento de crítica, en la destitución de profesores comprometidos con su trabajo para entregar las plazas a los políticos del sindicato, a los incondicionales, a los que trafican con toda clase de favores y negocios en el interior de la institución, a los simuladores en la docencia y a los depredadores y destructores del patrimonio cultural heredado y construido por los jesuitas.

¿En donde está la biblioteca y los cientos de libros que el 15 de septiembre de 1970 fueron trasladados del antiguo colegio católico del Sagrado Corazón de Jesús, ubicado en la 11 sur 1102, al actual edificio del BINE? ¿Y los laboratorios de física y química? ¿Y los objetos del museo de historia natural? En solo treinta años el SNTE y los directores han dejado una huella de destrucción material y cultural, imponiendo el miedo y frenando cualquier intento de reforma y de modernización académica.

En la semana anterior, la prensa local registra la presencia de funcionarios de la Dirección General de Formación y Desarrollo de Docentes con un grupo de golpeadores al servicio del SNTE, para instalar por la fuerza a Neptalí Dante Nolasco, ex secretario general de la sección 23 del SNTE como director de la escuela normal superior federalizada. De esa manera el sindicato responde a sus agremiados, con violencia, con golpes y ahora también con destituciones. ¿Quién puede frenar tanto abuso y arbitrariedad? ¿Los maestros, los gobernantes o la sociedad?

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