16 diciembre, 2010

Horror en el IMSS de Tehuacán.

Horror en el IMSS de Tehuacán.


Luis Hernández Montalvo.


Desolación y muerte se respira en la clínica número 15 del IMSS de la ciudad de Tehuacán, Puebla, el abandono y la corrupción son el reflejo de que algo anda mal, pero también, es la respuesta palpable a una entramada red de complicidades burocráticas y políticas, de la que forman parte, en primer lugar el Doctor Francisco Martínez Torres, Director del Hospital de aquella ciudad.

Son aproximadamente las 11 horas, del día 5 de diciembre del año en curso, un hombre de aproximadamente 50 años llega al servicio de urgencias, apenas se detiene en la ventanilla apoyado por un familiar. Supongo que se encuentra al borde de un infarto, se encuentra completamente pálido, por su rostro escurre un copioso sudor y pide angustiado la atención médica que nadie escucha, las empleadas no se encuentran, pues están en plática muy amena en la sala con las enfermeras.

De pronto sale un intendente, lleva en su mano un pequeño plato de agua y un pedazo de trapo, camina con lentitud, con desgano, el familiar del enfermo le pregunta por el personal y al ver lo gravedad que se encuentra, regresa a la sala de urgencias para avisar, después de más de media hora, el paciente es introducido.

El empleado continúa su rutina, con su pequeño plato de agua y su trapito, con los dedos, rocía un poco de agua en los cristales y con toda la calma del mundo intenta limpiarlos, le pregunto si no hay un poco de jabón que mejore su trabajo, me responde que no, que no hay material de limpieza, no hay jabón y tampoco desinfectantes, la limpieza es infructuosa, los cristales quedan más empañados y sucios, imagínese lo que puede hacer este hombre con su platito de agua y su trapo sucio.

Recorro con la vista la sala de espera del servicio de urgencias, en las paredes se observan manchas de sangre, las bancas de espera están destruidas y en el piso decenas de vasos desechables y botellas de agua permanecen en el piso, abandonadas por los familiares de los enfermos la noche anterior.

En el piso de los pasillos se observan los chicles que ya forman manchas negras por el tiempo, con la complicidad de los empleados de limpieza que caminan indiferentes, apenas barriendo la basura que tiran las personas que van a visitar a sus pacientes.

Los plafones del techo están destruidos dejando ver los ductos de la electricidad y del agua potable, descompuestos y averiados por un personal irresponsable.

A las 11:30 una mujer llega a la sala de urgencias con fuertes dolores de parto, se desangra ante la mirada atónita de los que estamos presentes, en medio de gritos de dolor, pide auxilio, pero no hay quien la atienda, de pronto entra un grupo de cinco enfermeras con sus platos de tacos y memelas que salieron a comprar a la calle, con calma y sin prisa, con indiferencia le preguntan sus datos, le piden su credencial y el comprobante de su salario, finalmente la pasan a la sala de urgencias.

Ya en el interior de los cuartos de la clínica, se respira un fuerte olor que proviene de los baños, apenas barridos, pero no desinfectados, la tubería oxidada y el sarro en las tazas, refleja el descuido y la falta de mantenimiento, los cristales, lo mismo que en la sala de urgencias, están empañados por la mugre y el desaseo.

En los pasillos y jardineras, los rosales están secos, la maleza crece sin control, jergas y “mechudos” taponean las atarjeas del drenaje y en el piso, están tiradas las gasas con sangre seca y las agujas de las jeringas desechables.

Los trabajadores, que incluyen a las enfermeras son responsables de una parte de lo que aquí describo, cobijados por los corruptos líderes sindicales del SNTSS, no solo descuidan su trabajo, también sustraen los materiales del hospital y me dicen que se han reportado a enfermeras que venden las camas del hospital.

La ausencia de la autoridad del director del hospital, también se refleja en los diagnósticos equivocados de los doctores que cometen toda clase de barbaridades con sus pacientes, así por ejemplo, a un enfermo que come de manera normal, le indican la aplicación de sondas y sin más, se contradicen en los diagnósticos para las intervenciones quirúrgicas.

En cuanto a los medicamentos, son escasos y no hay en existencia para atender a los pacientes, por lo que los médicos tienen que solicitar a los familiares para que los compren en las farmacias privadas.

La destrucción del Instituto Mexicano del Seguro Social, viene desde una visión equivocada del gobierno que la considera una institución anacrónica, herencia del viejo régimen autoritario que dominó el siglo XX, por eso se han “subrogado” las guarderías y en el Congreso de la Unión se dictan políticas encaminadas a su desmantelamiento con la creación de las Afores y la destrucción del sistema de pensiones y jubilaciones y recientemente con la subrogación de los medicamentos.

También contribuyen los trabajadores sindicalizados en el SNTSS, que cobran un salario que no justifican con su trabajo y médicos y enfermeras hacen evidente su falta de profesionalismo y su compromiso con su vocación de servicio, estos trabajadores de la salud se comportan como trabajadores de la muerte y del horror. Pido disculpas por aquellos que cumplen con sus responsabilidades, a pesar de las precariedades y desaciertos de sus directivos y me pregunto: ¿En qué universidad, en que facultad de medicina fueron formados estos profesionales de la salud?

Tenemos responsabilidad los derechohabientes que permitimos que pasen estas cosas, los familiares de los enfermos que tiramos la basura en el piso y los periodistas que cobramos puntualmente un salario para difundir boletines de prensa sobre una realidad que justifica la ausencia de piedad con los que sufren y se debaten entre la vida y la muerte.

Tenemos la culpa los que callamos, los que somos cómplices de las canalladas de una administración que atenta contra una institución prestigiada por el trabajo de médicos que me atendieron en mi niñez. Recuerdo los apellidos de los doctores Sedeño, Paredes, Whoto, entre otros.

A la salida de la clínica localizada en San Nicolás Tetitzintla, un viento frio levanta el polvo y la basura que se va a acumular en los arbustos, mientras los trabajadores se distraen entre bromas y chistes de mal gusto.

Es probable que a estas alturas ya hayan cobrado su aguinaldo y sin remordimiento, preparen la cena de Navidad. El Director, los doctores, enfermeras, trabajadores, derechohabientes, patrones, proveedores y políticos ¿Podrán cenar en paz con su conciencia, en su hogar con sus esposas e hijos?

hernandez_luis21@yahoo.com.mx

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