07 agosto, 2010

Las improvisadas fiestas centenarias.

Las improvisadas fiestas centenarias.

Luis Hernández Montalvo.
A solo unos días de la celebración oficial de los festejos del 15 de septiembre, en que se conmemorará el bicentenario del inicio de la lucha por la independencia nacional, el señor secretario de educación pública, el licenciado Alonso José Ricardo Lujambio Irazabal, por fin, da señales de vida.

En una escueta entrevista con los medios de comunicación, nos anuncia que el organismo a su cargo, invertirá 2900 millones de pesos en la organización apresurada de un desfile el 16 de septiembre, con 30 carros alegóricos en la ciudad de México y con el decreto de día no hábil el 15 de septiembre.

Con este  dinero, también se pagará un programa de conciertos en la capital del país y nada más.

Ante los cuestionamientos de los reporteros sobre los festejos del centenario de la Revolución Mexicana, el próximo 20 de noviembre, se limitó a responder que aún faltan detalles.

 La Secretaría de Educación Pública, no tiene otro carácter que el de organizar las escenografías con grandes concentraciones humanas, con sus exaltados aplausos automáticos a los gobernantes.

 Los responsables de administrar el sistema educativo del país, se presentan en los festejos sin ningún compromiso por abrir la discusión sobre la enseñanza de los contenidos de la Historia en la educación básica, y hay por lo menos tres décadas de abandono e incumplimiento de su enseñanza en las aulas.

Lo que tenemos a la vista, es una apabullante escalada propagandística, que se hará más intensa en los próximos días y que culminará el 16 de septiembre. ¿Qué está ocurriendo?

¿Qué deben hacer la escuela y los profesores en particular, formados para cumplir órdenes?

¿Qué pueden hacer los profesores, que no son escuchados y que nunca participan en los debates relacionados con la educación y los contenidos pedagógicos con los que trabajan?

Los festejos del bicentenario del inicio de la lucha por nuestra independencia y el centenario del inicio de la Revolución Mexicana, son acontecimientos que tradicionalmente han enfrentado diversos modos de analizar y comprender la historia, así lo confirman algunas publicaciones recientes, por cierto muy pocas y de tirajes muy marginales, salvo por el libro de Luis González y González: Viaje por la Historia de México, que se distribuye masivamente en los domicilios.

Alguien me puede reclamar que en algunas televisoras por cable, han difundido algunas discusiones sobre nuestra historia, pero me pregunto ¿Cuántos profesores están suscritos a un programa de cablevisión? ¿Cuántos ciudadanos realmente se interesan por estos debates?

Todo está bien, pero ¿Qué hacen los profesores en sus escuelas y en sus aulas? ¿Qué hacen los gobernadores y presidentes municipales en aquellas entidades que se consideran cuna de la independencia, cuna de la bandera, cuna de la Revolución Mexicana, cuna de la Constitución…?

Hasta ahora no sabemos nada, seguramente, en los próximos días se improvisarán algunos desfiles, se organizarán festivales y verbenas populares, con muchos cohetes, luces artificiales y por uno o dos días, nos disfrazaremos con sombreros y atuendos mexicanos y en las televisoras veremos el fervor patrio entre la confitería tricolor, la música ranchera y las películas en blanco y negro sobre temas patrióticos.

Pero nada más. Y la escuela en su función reproductora, seguirá esta inercia sin mayor conflicto y los niños y jóvenes desfilarán con orgullo marcial, pero no sabrán por qué, porque en la escuela, los contenidos de aprendizaje no pasan por el tamiz de la reflexión y la crítica.

Es probable que nos quieran corregir en nuestras afirmaciones, que los funcionarios digan que los estudiantes de educación básica y los profesores cuentan con programas y libros de texto para la enseñanza de la historia y recuerdo el contenido de un artículo publicado en la revista “Cuadernos de Pedagogía”, de España, a propósito del Compromiso de la escuela ante el V Centenario del descubrimiento de América:

Los manuales escolares son, por su naturaleza, simplificadores. Están sujetos pues a esquemas y estereotipos, sin poder reflejar a menudo los debates que especialistas universitarios tienen sobre determinados hechos históricos”.

Por ahora, quiero terminar estas notas con algunos cuestionamientos formulados por el educador Carlos A. Carrillo, en enero 15 de 1887:

A propósito de la enseñanza de la historia: ¿Es conveniente dividir el periodo colonial en tantas fracciones, como virreyes gobernaron la Nueva España durante el periodo colonial? ¿Conviene seguir un orden rigurosamente cronológico en la narración de los sucesos históricos? ¿Conviene estudiar la historia patria independiente de la de España y sus demás colonias? “Cuestiones acerca del estudio de la historia”

Como podrán ver, los profesores no podemos esperar gran cosa de los funcionarios que por ley, tienen la responsabilidad y la atribución de manera exclusiva de: …determinar para toda la República los planes y programas de estudio para la educación primaria, la secundaria, la normal y demás para la formación de maestros de educación básica… Ley General de Educación, Cap. II, Art.12.

Finalizo, sumándome al deseo de Carrillo cuando dice: …ver unidos fraternalmente á todos los maestros, auxiliándonos en la obra común de elevar las almas á una esfera superior en el mundo de la belleza, la verdad y el bien. Esta es mi suprema ambición, por la que he trabajado y trabajaré continuamente. ¿Por qué todos los maestros nos han de ayudarnos con sus reflexiones? ¿Por qué no ha de ser hoy el primer día de esa anhelada unión? El autor es profesor del Bachillerato General Matutino del Benemérito Instituto Normal del Estado de Puebla  hernandez_luis21@yahoo.com.mx.

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