13 junio, 2010

La CNTE daña la herencia colectiva.

La CNTE  daña la herencia colectiva.

Luis Hernández Montalvo.

Tengo profunda pena por la conducta de mis compañeros  trabajadores de la educación, entre los que se encuentran un buen número de profesores de Educación Básica, agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE.

La destrucción de la puerta del ex convento de La Encarnación, tiene una historia que se remonta a 1594, fecha en que se inició su construcción. Este convento estuvo administrado por la orden de los dominicos, sus moradores estuvieron consagrados a la oración y a la enseñanza de niñas españolas y criollas. El 7 de marzo de 1648, la construcción fue consagrada, a su conclusión.

Ni las guerras de Independencia o de Reforma, o las intervenciones extranjeras atentaron con esta parte de nuestro patrimonio, ni la presencia de las distintas facciones revolucionarias que arribaron al Distrito Federal, se atrevieron  a lastimar nuestra herencia que forma parte de nuestra memoria, asociada a leyendas y recuerdos de nuestro pasado distante. ¿Por qué los profesores llamados democráticos cometieron semejante destrucción?

El daño a la herencia colectiva por un grupo de profesores debe llamar la atención de la sociedad, pero sobre todo de los responsables de formar y contratar a los profesores, de los que se supone, que son  responsables,  ética y profesionalmente de preservar nuestro patrimonio cultural asociado a una visión civilizatoria. El inmueble de la Secretaría de Educación Pública, es un símbolo asociado a la educación desde su fundación, es el recinto que escogió José Vasconcelos en 1921 para iniciar su gran obra educativa, después de la Revolución.

En  los patios de este edificio se cobijaron los profesores de la Sección IX del SNTE, en 1958-1960., y ha sido desde 1979, un punto de reunión del magisterio democrático para hacer sentir sus reclamos a los burócratas encargados de administrar los recursos destinados a un proyecto educativo inspirado en criterios de justicia, demandados por los grupos revolucionarios.

Como uno de los fundadores de la CNTE en 1979, no puedo avalar este tipo de conductas, sea cual fuere el grado de desesperación de los educadores reclamantes.  Yo no estoy en contra de su lucha y mucho menos de sus reclamos de atención salarial y laboral, pero tengo la sospecha que a 31 años de haberse conformado la CNTE, ha sido un tiempo perdido para avanzar en un proyecto que recobre la voz el magisterio que tenía por tradición construir su materia de trabajo.

Durante este tiempo, tampoco hemos podido avanzar en la estructuración de un proyecto de democracia sindical, que sea incluyente de todos los trabajadores, sin importar sus preferencias políticas o ideológicas, la CNTE, debe revisar su concepción de sindicato que quiere y abandonar su visión de sectarismo, sus prácticas dogmáticas y fundamentalistas de la religión pretendidamente marxista, es urgente revisar el debate sobre sindicalismo y política desde los teóricos del siglo XIX y colocarnos en el mundo que nos ha tocado vivir.

La visión estrecha de quitar a los “charros” para colocarme yo, no ayuda, no es útil, ni a los trabajadores en su intento y aspiración por transformar a su sindicato en un verdadero instrumento de defensa de sus intereses gremiales, y tampoco contribuye a la defensa de la educación pública en grave riesgo por las políticas estrechas del gobierno actual. Los profesores tenemos tareas mucho más importantes que andar derribando puertas centenarias.

Para el señorito al frente de la SEP,  no basta con rasgarse la fina corbata delante de los medios de comunicación condenando “los actos vandálicos de los profesores de la CNTE”, no, su trabajo y su responsabilidad pública es otra muy distinta, debe aprender a escuchar las voces de los educadores encargados de educar a las nuevas generaciones de ciudadanos, debe bajarse de su pedestal de santón, para ver lo que sucede en la Escuela Pública.

El señor Alfonso Lujambio Irazabal debe aprender a escuchar a esos hombres y mujeres que vienen a tocar su puerta desde regiones tan distantes, debe asumir una actitud de diálogo, antes de calificar a los desarrapados, que no ganan para comprarse los trajes tan caros como el que porta de manera cotidiana, que el salario de estos hombres y mujeres apenas cubre sus necesidades elementales de sobrevivencia, mientras el señorito posa como modelo de modas, dejando a su paso un olor a perfume francés original.

No es el mismo trato que le dispensa a la profesora Elba Esther Gordillo, mujer con carisma y poder, con mucho dinero como para barrerlo con el rabo del ojo, cuando la maestra le insinúa sus atributos políticos y de poder, con la señora Presidenta del CEN del SNTE, el señorito se muestra servicial y atento, los medios  lo califican de caballero, pero frente a los profesores de banquillo, es insolente.

Los líderes del SNTE, también son responsables de estas conductas de los profesores, que en la inconsciencia de sus actos, se sueñan escalando los muros del Reichstag o parlamento alemán, por  los soldados de la “patria del camarada Stalin”. Los líderes del SNTE, son los responsables de la formación de estos profesores, de su contratación y de su capacitación. Si, líderes y funcionarios son responsables de esta inconsciencia, de estos actos de irresponsabilidad vandálica compartida, mientras se culpan mutuamente la Secretaría de Gobernación y el Gobierno del Distrito Federal, sobre su incapacidad para evitar la destrucción del patrimonio histórico.

 Estos educadores y los que se encuentran en las escuelas públicas y privadas, ¿Podrán educar a sus estudiantes en el respeto a nuestra herencia colectiva? La respuesta se encuentra en los graffitis del interior de las escuelas y edificios públicos, en los monumentos, en los templos y en las fachadas de las casas particulares, el problema es más grave, lo que hicieron los profesores con la puerta del ex convento de los dominicos, es un botón de muestra del nivel de nuestra moralidad, y en esto nadie se salva, ni los profesores, ni los padres y mucho menos el Gobierno y sus funcionarios, se trata de un problema de moral pública. Qué lástima.

El autor es profesor del Bachillerato General Matutino del Benemérito Instituto Normal  del Estado de Puebla. hernandez_luis21@yahoo.com.mx

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