26 mayo, 2010

De cómo las escuelas normales pueden ser un mal.

---------- Mensaje reenviado ----------
De: LUIS HERNANDEZ MONTALVO


De cómo las escuelas normales pueden ser un mal.
Luis Hernández Montalvo.
El 26 de junio de 1888, el educador mejor logrado en este país, Don Carlos A. Carrillo, escribió un polémico artículo sobre las escuelas normales y la realidad  del magisterio  de aquellos días y alertó proféticamente de los peligros que se veían venir. El apostolado de Carrillo lo convierte en la primera y en la más alta dignidad ética del magisterio mexicano, por esta razón, publico su artículo, ante las amenazas de destruir  las escuelas normales públicas, por quienes durante los últimos setenta años las han condenado a la inmoralidad.

“¡Las Escuelas Normales! ¡Qué máquinas tan excelentes para fabricar maestros de 100, 120, 150 pesos! ¡Lástima que no haya consumidores de este género! Hoy lo que busca todo el mundo son maestros de á peseta.
Lo cierto del caso es que todas las Escuelas se están dando prisa á instalar las susodichas máquinas.- ¿Y luego?-  Luego, cuando estén ya instaladas y en disposición de labrar maestros, no podrán funcionar por falta de individuos que se dejen  labrar; la profesión no tiene grandes alicientes.- ¡El Gobierno viendo eso, imitará a los pescadores que quieren atraer peces: pondrá carnada en un anzuelo y echará el anzuelo; solo que la carnada aquí será de plata.- ¿Y luego?- Luego muchos incautos, acariciados por el olor del cebo y la esperanza, morderán el anzuelo.- ¿Y luego?- Al cabo de cierto tiempo empezará la máquina á arrojar al mercado maestros con este rótulo: se alquilan á 100, á 120, á 150 pesos cada mes.- ¿Y luego?- Los primeros encontrarán colocación en las ciudades principales, lo cual atraerá á otros muchos á la escuela, y los normalistas se frotarán las manos de contento.- ¿Y luego?- Los subsiguientes ya no podrán hallar empleo y padecerán hambre, mucha hambre, porque los primeros no habrán dejado más que empleos de treinta, de veinte, de diez pesos.- ¿Y luego?- El hambre llegará á su máximum: los dividirá en dos partidos. Unos dirán: nos contentaremos con treinta ó veinte pesos en la escuela del pueblo ó de la ranchería…..: maldecirán las escuelas normales. Otros, y estos serán los más, exclamarán: Más vale ser zapatero; pero será muy tarde, no tendrán habilidad para hacer zapatos; O herreros, pero tampoco tendrán habilidad…. Y maldecirán también las escuelas normales. Sólo habrá una tabla de salvación: los empleos públicos, éstos no exigen estudios, ni habilidad, ni condición ninguna. Y muchos se asirán á esta tabla salvadora con desesperación.- ¿Y luego?-  Aumentará la empleomanía, -y la adulación á los gobernantes, y la corrupción electoral,-y el favoritismo para el nombramiento de empleos públicos,- y la incapacidad de los empleados- y su desidia para cumplir con sus obligaciones- y su tendencia á hacer fiestas y menear zalameramente el rabo al amo que reparte pan bajo la forma de destinos y descarga palos en forma de destituciones. Y entonces, todos, todos sin excepción, todos en coro; maldeciremos las escuelas normales.
¿Abogo acaso por la supresión de esos benéficos planteles? ¡Líbreme Dios de cometer tal desatino! Lo que quiero es que seamos menos niños, que sepamos prever los males que nos amenazan para conjurarlos, si es posible, con oportunidad. Multiplicar los maestros competentes é instruidos sin poner los medios para que los trabajos tengan conveniente remuneración es hacer un mal grave. Para cortarlo pueden seguirse dos caminos: prescindir  de formar maestros hábiles, contentándonos con tenerlos ineptos, ó procurar con enérgico esfuerzo mejorar los sueldos que disfrutan en las pequeñas poblaciones, duplicándolos, triplicándolos y en muchos casos aumentándolos en proporción mucho mayor todavía. Yo no preconizo el primer remedio, por el contrario, decididamente me inclino al segundo; pero si éste se juzga de imposible práctica, declaro con la más arraigada convicción que más vale clausurar las escuelas normales existentes y aplazar la apertura de otras nuevas para tiempos mejores. Nadie consumirá cuatro ó cinco años estudiando seria y concienzudamente diez  ó doce difíciles asignaturas para ir á ganar diez, veinte ó treinta pesos en un pueblo ó ranchería. Por lo mismo, si los sueldos han conservarse invariables tales cuales existentes ahora- y se conservaran si no se hacen desde luego poderosísimos y constantes esfuerzos para mejorarlos- no se atraiga á los jóvenes á la carrera del magisterio ni se les imparta una sólida educación profesional para el ejercicio de dicha carrera, porque es condenarlos á la  miseria ó arrojarlos á la política y la intriga.- (junio 26 de 1888.)


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