20 marzo, 2010

EDUCACIÓN Y DEMOCRACIA en D. F. SARMIENTO y JOHN DEWEY

La siguiente información llegó vía correo electrónico gracias al autor. 


EDUCACIÓN Y DEMOCRACIA  en  D. F. SARMIENTO y  JOHN DEWEY.-


                                                                      Por Guillermo r. Gagliardi.-





l.- La Educación “Común”.-


ü       Nuestro SARMIENTO (1811-1888)  ama la Educación Común como Institución Pública, pues la considera el medio más apto para desenvolver  en Entendimiento. Considéralo entonces un Derecho de los Pueblos, un Deber de los Gobiernos.

Lo expresa frecuentemente en sus escritos , cartas y discursos, pues aparece como el tema más trascendente de su Apostolado político en América Hispánica.

En “Educación Popular” (1848):

“La instrucción pública tiene por objeto preparar las nuevas generaciones en masa para el uso de la inteligencia individual, por el conocimiento de las ciencias y hechos necesarios para formar la razón”.

El Conocimiento, el Razonamiento, se desenvuelven por  el  ejemplo  metódico, y se halla en todos los hombres sin distinción de país, nacimiento, clase u ocupación.

Derecho que pertenece “simplemente a la condición de hombre”. Acordado igualmente a todos.
Advierte perspicazmente que la grandeza de las naciones modernas depende en  principal medida del desarrollo de  esas capacidades en sus habitantes: fuerza y  posibilidades de funcionamiento  mental. Lo entiende el maestro como el aumento progresivo de la “situación racional de los espíritus”.

“Todos los grandes acontecimientos del mundo han de ser de hoy en más preparados por la Inteligencia” explica el sanjuanino.

Desde su credo humanista adelanta S. su bosquejo de la  “Sociedad Informatizada” en que la producción, almacenamiento, difusión  y aplicación del saber  se estructuran  como los supremos valores y factores de poder en el Mundo.

En el caos de la Barbarie americana, intenta la mente y brazo sarmientinos, en gesta impar y memorable, “el drama más fecundo en lecciones, más rico en peripecias, y más vivaz” (carta-Prólogo al “Facundo”, 1851), implantar un cosmos, un orden: el de la Civilización, la República y la ciudad democrática moderna. También el imperio de la Constitución y la autoridad de las Instituciones. Proclama la destitución del Reino del Caballo y la inauguración del Ferocarril y el dinamismo del Comercio y Producción.

“Educar al Soberano”: epítome de Gobernante pragmático. Su obra multívoca de transformación de la realidad, de regeneración continental, posee una vigorosa base lógica y experiencial.

Sustentado en una coherencia de fines, una inmensa nobleza de objetivos. Sustentada por una filosofía activista, basada en la eficacia de la ejecución, de búsqueda de soluciones a situaciones problemáticas concretas y a dificultades heredadas.



2.- La Educación “instrumental”.


ü       “Pasemos ahora, hilando nuestras ideas para tejer el discurso aplicadas las teorías a la práctica, y a esas conveniencias que forman la base del todo que nos rodea y que son el código de nuestro siglo activo y movedizo” (sostiene en “Argirópolis”, 1850, artículo en “El Mercurio”, “Lo que gana el extranjero con nuestra anarquía”, 11-11-1841).

Dewey en “Democracia y Educación” (cap. VII) afirma que

“Una sociedad que es móvil, que está llena de causales para la distribución de un cambio que ocurra en cualquier parte, tiene que procurar que sus miembros sean educados para la adaptabilidad y la iniciativa personales”.

G. Sanhueza Arriagada, en su estudio “En torno a S. y la educación popular” (incluido en “S. y la educación pública”, Losada, 1962) observó la significación anticipadoramente deweyana de las concepciones pedagógicas  de Don Domingo. “Anticipa notablemente tesis del Pragmatismo Educacional” (loc. cit., p. 34).

“Lo que la nutrición y la reproducción son para la vida fisiológica de la educación lo es para la vida social” sostiene el norteamericano, sobre la continuidad y enriquecimiento de la experiencia social por medio de la educación (Dewey: “Escuela y Sociedad” p. ej.).    

El ambiente, la cultura social, moldea la personalidad. Correlativamente el hombre domina y construye la sociedad. Semejante criterio adopta el cuyano en su  escrito “La educación de la nieve”, recogido en su “Ambas Américas”, respecto de  la formalidad o sistematización y la informalidad  o incidentalidad del aprendizaje.

En el “Apéndice” de “Argirópolis”, en su artículo de 1851, Suplemento al “Mercurio”, S.  piensa que


“dos años de observación inmediata valen más que medio siglo de observación a cuatro mil leguas”; “he puesto mis antiguas ilusiones en presencia de las lecciones amargas de la experiencia” (“Cuestión del Plata- Francia”).

Como en Dewey, prima el sentido crítico, renovador, de los asuntos escolares. Su criterio pedagógico es “tangible, específico, inteligible y práctico”.

El lenguaje de uno y otro destácanse por su simpleza, energía directa y siempre sugeridor  de “ideas nuevas, fundamentales, que estimulen el pensamiento”.

Antimetafísicos, vivir es para ellos, Hacerse y el pensar es un “instrumento”. Solo importan las ideas que “se traducen en actos”(W. H. Marnell: “El orden creado por el hombre”, Nova, 1971; J. Dewey: “The guest for certainty: A study of the Relation of Knowledge and Action”, 1929).

Empíricos y experimentalistas, S. y D.  no deseasen sus operaciones mentales de la realidad ambiente. Sino que por el contrario, elaboran un Evangelio, un Mensaje revolucionario, que cree firmemente en la realidad y en que la Persona se organiza y trasciendo en su circunstancia.

Pueden ser ubicados entre los grandes Filántropos, “entre quienes poseen una fe profunda en el perfeccionamiento del hombre social, o entre quienes creen en las facultades enaltecedoras de la inteligencia humana aplicada a la solución de los problemas del hombre” (D. E. Lawson y A. E. Lean: “J. D.”, Nova, 1971).

Convencida y demostrada doctrina y praxis social. Lema: “ayudar a los hombres a resolver problemas en   concreto”; “los problemas y males concretos” según Dewey en su “Reconstruction in Philosophy)”.

“Hacer siempre significa el hacer de algo en particular” sentencia en “Studies in Logical Theory” (1903).
Esencia norteamericana de esta concepción: movimiento, librepensamiento, progresismo. El hombre creador dentro de una sociedad (D.: “Experience and Nature”, 1925, Chicago; S: “los ejemplos son mejores que las doctrinas”).



3.- La Educación y la “Civilización”.


ü     Se destaca la calidad de personalidades discutidas de S. y D. Controvertidos, intensamente influyentes. Uno como modelo de Hacedor argentino, corajudo, salvajemente sincero, impetuoso en la creación del Bien. El otro, semillero de nuevas ideas en educación, psicología y filosofía, sobre cambio y desarrollo.

Un Credo evolucionista y transformador fue llevado a cabo en larga y fructífera vida.

Como Instrumentalistas, entendieron el conocimiento como arma para que el hombre, el ciudadano, avance, modifique y construya su medio.

Como Humanistas, creyeron en la Bondad esencial del humano y en su ilimitada capacidad de mejoramiento y en la inmortalidad de su accionar positivo.

Todo el pensar del autor de “Educación Común” implica acción de un Estadista, de un pedagogo social y político. Las escuelas son la base de la prosperidad y de la  vida republicana estadounidense, grita S, y así titula uno de sus principales libros.

Y ésa es la prédica de Dewey en “La escuela y el progreso social” y otros, pues la Escuela Pública es el ambiente en que se forja el futuro Ciudadano.

Su genio supera la  esquizofrénica distinción teoría-práctica. Escribe el autor de “Moral Theory and Practice”( en su “Essays for William James”)  lo que el mismo sanjuanino concibió: las Ideas como “el hacer, el acto mismo, en su manifestación”, “la inteligencia como un término práctico”.

Todo asunto es enfocado por la mente sarmientesca desde la perspectiva neta de su utilidad nacional, de su aplicación a los fines de una creciente civilización del ciudadano americano.

Don Domingo  sobresale como el “hombre pragmático” por excelencia, unido intrínsecamente a Dewey, por su antropología, su activismo, contemplación-acción.

Dewey intenta romper definitivamente la tradición “dualista” de la Filosofía Occidental varias décadas después de que S. la encarnó magníficamente en estas latitudes.

S. es uno de los primeros convencidos darwinistas de América hispana; sigue a al autor de “El origen de las especies” al sostener que el Pensamiento se configura una Conducta adaptativa   del hombre como organismo biológico.

Por su parte es importante en Dewey el influjo de Huxley, Thomas Henry (1825-1895) con sus “Lessons in Elementary Physiology”. “Dicho estudio me estimuló grandemente, más que ninguna de las cosas abordadas anteriormente” (“From Absolutism to Experimentalism”).

En Michigan, ciudad preferida por Sarmiento, donde alcanzó su ansiado Doctorado  en leyes, el tema de la Educación era prevalente.
En esa ciudad bullente de maestros y profesores, que prefería fervorosamente don Domingo, justamente contrajo matrimonio Dewey en 1886, y con una maestra, Alice Chipman.

Él mismo había enseñando  20 años en Pensilvania y en una escuela de aldea en Charlotte. En Michigan había dictado cursos y conferencias, integrando el Club de Maestros en la Escuela de Michigan y en Ann Arbor, y como Instructor en la Universidad.



4.- La Educación y la “sociedad moderna”.


Su  giro de  la especulación filosófica a las ideas sociales y pedagógicas se opera en Michigan. En esa atmósfera, especifica Wright Mills, (“Sociología y Pragmatismo”, 1968) “cobró forma la primera orientación “ de su mente en materia de  Etica, en Pedagogía y en Filosofía Política.

Después en 1894 va a Chicago, publica “School and Society” (1899), como resultado de su trabajo de organización  de una Escuela Elemental.
Como S., Dewey sostiene en 1914 en “A Policy of Industrial Education” que “en este país el problema es esencialmente educacional” y urgente “desarrollar la iniciativa y los  recursos personales de la inteligencia”.

Fue muy intensa su obra para organizar  la profesión de la enseñanza en Estados Unidos, como antes Horace Mann y como S. en Chile y Argentina.
Cuantiosísima colaboración en publicaciones periódicas generales y especializadas: “The New Republic”, “Journal of Education”, “American Teacher”, “The Independent”, etc.

Según la categorización schelleriana, de su “Conocimiento y Trabajo” (ed. Nova, 1969), S. y D. representan “el saber de hechos, o “saber efectivo”. El saber de lo útil,  del “homo faber”, activo y de voluntad.

Por lo que consideran “que la relación primaria del hombre con el  mundo” se manifiesta “eminentemente práctica”.

Son los hombres de “muy fuerte voluntad”, de un poder volitivo de alto voltaje que lucha por transformar la realidad. (“Der Formalismus in der Ethik”, 1916).

Seres que despliegan, incansables, “una acción eficiente, de carácter dinámico”.
La voluntad es pues el poder de realización de los valores, “una experiencia esencial de poderío” en sentido nietzscheano.

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